junio - noviembre 2020
ISSN 2007-5480

Interculturalidad

Amor a dos tiempos: Gary Soto con “Oranges” y Shel Silverstein con The Giving Tree

Alejandra Sánchez Valencia *
UAM - Azcapotzalco

Resumen

En 2019, con motivo de los festejos de la UAM por sus cuarenta y cinco años de vida, tuve la oportunidad de hablar y ejemplificar el trabajo que hacemos los profesores de lenguas extranjeras en nuestros cursos; es decir, ¿qué hacemos con el idioma?

¿Qué hacemos con ese vehículo maravilloso que nos permite contar nuestras historias e identificarnos de manera vicaria en las narraciones? En el siguiente artículo expondré y analizaré dos obras en inglés de autores estadounidenses de los siglos XX y XXI: Gary Soto y Shel Silverstein. Ambos se valen de la literatura en géneros diferentes: el primero con un poema, y el segundo con un cuento para dar su visión sobre el amor.

Summary

In 2019, due to the 45th anniversary at Universidad Autónoma Metropolitana, I had the opportunity to give a speech and some examples of the work we professors do in our foreign language classes. What do we do with a language?

What do we do with that wonderful vehicle that allows us to tell our stories and identify ourselves in a vicarious way through narration? In this article I will show and analyze two literary works in English from Gary Soto and Shel Silverstein in XX and XXI centuries. Both of them give their vision about love through a different genre, the first writer with a poem, and the second one with a story.

Palabras clave

primer amor, amor incondicional, cotidianidad, sacrificio, niñez, juventud, poesía, Gary Soto, Shel Silverstein.

Keywords

first love, unconditional love, everyday life, sacrifice, childhood, youth, poetry, Gary Soto, Shel Silverstein.


 

Introducción

En 2019, con motivo de los festejos de la UAM por sus cuarenta y cinco años de vida, tuve la oportunidad de hablar y ejemplificar el trabajo que hacemos los profesores de lenguas extranjeras en nuestros cursos; es decir, ¿qué hacemos con el idioma?

¿Qué hacemos con ese vehículo maravilloso que nos permite contar nuestras historias e identificarnos de manera vicaria en las narraciones? En el siguiente artículo expondré y analizaré dos obras en inglés de autores estadounidenses de los siglos XX y XXI: Gary Soto y Shel Silverstein. Ambos se valen de la literatura en géneros diferentes: el primero con un poema, y el segundo con un cuento para dar su visión sobre el amor.

Cuando hablamos del elemento creativo en la literatura hablamos necesariamente del idioma, donde la herramienta principal es la palabra. Dentro del arte no importa tanto qué es lo que se dice sino el modo de hacerlo. Por ello, no es de sorprendernos que en la cotidianidad contemos con los temas que a todos los seres humanos pueden interesarnos y que nos afectan: el amor, el desamor, la vida, la muerte, la alegría, la tristeza, y todos aquellos que toquen nuestra esencia.

Gary Soto y “Oranges” (primer amor)

Nos dice Ariel Rivadeneira respecto al método de escritura que “el lector debe poder «ver» el cuadro que el poema pinta” (Rivadeneira, s/a: Posición 172 en Kindle), además de trabajar con la emotividad; en otras palabras se trata de “[…] concentrar algo inusual en el poema, que no se ve habitualmente, no algo extraordinario ni extraño, porque no es el asombro lo que pretende el poema, sino ese leve temblor que provoca lo conocido visto desde un encuadre especial, poco común, conmovedor”.(Rivadeneira, s/a: Posición 161 en Kindle).

En otras palabras, apela a los sentidos y al sentimiento. Así, iniciamos con Gary Soto, un méxico-estadounidense nacido en Fresno, California, el 12 de abril de 1952. Además de ser la gran cuna de los poetas estadounidenses, Fresno es una importante zona agrícola. Y ambas situaciones marcarían su vida: por un lado comprendería por qué muchos migrantes, al buscar una mejor calidad de vida, inician como campesinos, y la labor familiar en la recolección de las diferentes cosechas, resulta fundamental tanto para quienes dan el empleo, como para quienes sobreviven con él. Todo lo cual deriva en una compleja situación en que deben trasladarse de un sitio a otro, sin echar raíces, y que extrapolado a la asistencia de los niños a la escuela -que también tienen que trabajar- nos da una pista de por qué es difícil vislumbrar un horizonte que llegue a feliz término dentro de la enseñanza tradicional respecto al aprendizaje, las buenas notas y el cierre de ciclos escolares.

Y Soto, al igual que muchos infantes y jovencitos, en algún momento de su vida se vio en la necesidad de trabajar también en la recolección de múltiples cosechas, entre ellas la de uvas. Es por ello que el mismo autor señala que apenas si lograba conseguir una calificación aprobatoria en sus cursos. Al respecto nos cuenta de sí mismo y sus deseos cuando pequeño: “When I was younger I wanted to be a priest or a paleontologist, a scientist who studies fossils and dinosaur bones. We didn’t have many books around when I was growing up, and no one really encouraged us to read. In fact, I never thought about being a writer”. (s/a Scholastic, s/a:1)

Gary Soto fue el segundo hijo en una familia de tres, con un hermano mayor y una hermana menor. Tenía cinco años cuando quedó huérfano de padre, tiempo después su madre contrajo nupcias. Él llegó a imaginarse como sacerdote, paleontólogo, o geólogo, y de hecho entró a la universidad, pero no fue sino después de decirle a la joven que le gustaba que se casaría con ella y se sintió rechazado1, que buscó refugio en la biblioteca y ahí descubrió la poesía, la literatura; a autores como Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Julio Verne, Robert Frost, John Steinbeck y a algunos otros que serían sus grandes referentes, su brújula en la escritura. Ese día, su vida dio un giro inesperado, al grado de cambiar de área de estudio, y así hizo la licenciatura en “English” (lo que en México llamamos comúnmente letras inglesas) en California State University, y más tarde la maestría en Fine Arts con especialidad en “Creative Writing” (Creación Literaria) en University of California, Irvine.

Gary Soto ha incursionado en muchas áreas creativas: poemas, novelas, memorias, obras de teatro, y múltiples han sido los reconocimientos recibidos. Uno de ellos fue el Phoenix Award, que entrega la Children’s Literature Association al autor de una obra que en su momento haya pasado desapercibida, pero que haya resistido la “prueba del tiempo” y después de veinte años aún sea leído y se aprecie su importancia. Dicho premio le fue otorgado en 2014, siendo el primer méxico-estadounidense que recibía esta distinción. Jesse fue la novela que mucho contiene de biográfica, donde se narra la vida de un adolescente de 15 años que pese a los problemas de alcoholismo del padrastro, y dedicarse a cosechar para ganar el sustento, huye de casa junto con su hermano, y gracias a la orientación de un buen tutor su energía se orienta hacia la educación y la creatividad, dando un giro total y esperanzador en su vida.

Sin duda, Soto, como creador literario, se asume mucho más en su faceta poética. Y a propósito de lo que veíamos al inicio en palabras de Ariel Rivadeneira, sobre la misión que tiene el poeta de tratar incluso lo más cotidiano, pero desde otro enfoque, nuestro autor méxico-estadounidense lo expresa desde lo que nos une básicamente a todos como seres humanos independientemente de nuestra cultura, o del lugar en que nos hayamos criado. Siempre habrá resonancias de corazón a corazón, de un alma a la otra, como para identificar la experiencia del otro como propia y universal: “I think we are all the same. We might change in dress, we might change in dance or music, we might change in skateboarding or little things like that. But basically, we have the same motive. We like to eat, we like to love, we like to enjoy our free time and friendship. Those things don’t change, no matter what”.
(Notabiographies, s/a: 6)

Mucha de la producción de Gary Soto está dedicada a la juventud; nos dice que no obstante que la gran mayoría de sus escritos giran en torno a la vida del barrio que le tocó a él vivir, hay mucho en común entre los adolescentes y sus experiencias como el tener una mascota, ir de día de campo en familia o de accidentes tales como ser picados por una abeja, o bien el revuelo y diversión que causa el correr a toda velocidad bajo el chorro de un aspersor en un día cálido:

Even though I write a lot about life in the barrio, I am really writing about the feelings and experiences of most American kids: having a pet, going to the park for a family cookout, running through a sprinkler on a hot day, and getting a bee sting! You may discover that you have had many of the same experiences and feelings as the characters in my stories and poems. (Scholastic, s/a: 3)

“Oranges” fue publicado por vez primera en 1990 y reeditado en 2006, en versión editada y extendida en la colección intitulada A Fire in my Hands. Conformado por cincuenta y seis versos encabalgados –esto es que cada uno termina en la línea, o en el verso de abajo– podemos destacar cuatro momentos clave, como tendremos oportunidad de analizar. En definitiva, se trata de una remininiscencia adolescente, de un primer amor, en el que ante todo hay infinita ilusión, todo es nuevo, fresco y prometedor. El tono empleado es sencillo, el de una conversación cotidiana.

El primer momento está conformado por los doce primeros versos –junto a cada uno pondré un número consecutivo para facilitar el análisis–, en que el narrador nos contextualiza en cuanto a su edad, la época del año, el ambiente, y qué está haciendo en ese momento. Él contaba con trece años, y era diciembre. (En la versión original tenía doce, pero en la edición se opta por aumentarle un año; tal vez porque de tan jovencito pudo haber parecido precoz al editor). Hacía mucho frío pues lo notamos con la sugerente imagen acústica y no solo visual en que el hielo se rompe al tiempo que él camina para dirigirse a la casa de ella (líneas 3, 5 y 6), la joven con quien “caminó por vez primera”, entendiendo con ello que se trata de un romance en plena gestación.

Aparece entonces un primer binomio: el aliento que exhala frente a sí, y cómo queda tras de él según camina y se acerca más al objetivo. (líneas 6 y 7). Él se sentía abrumado (otra forma quizá de referirse al nerviosismo de una primera cita), y destacan dos elementos visuales: lleva dos naranjas en los bolsillos de su chaqueta (línea 4); y el farol de luz amarilla del porche de la casa de la chica, está encendido tanto de día como de noche; sin importar el clima (líneas 9 a 11). Se trata de un primer color cálido en el poema. Finalmente hay otro elemento sonoro: el ladrido del perro que avisa que un extraño ha llegado al hogar:

  1. The first time I walked
  2. With a girl, I was thirteen,
  3. Cold, and weighted down
  4. With two oranges in my jacket.
  5. December. Frost cracking
  6. Beneath my steps, my breath,
  7. Before me, then gone,
  8. As I walked toward
  9. Her house, the one whose
  10. Porch light burned yellow
  11. Night and day, in any weather.
  12. A dog barked at me, until (Soto, 2006: 9)

El segundo momento del poema es propiamente el instante en que la jovencita sale de su hogar para reunirse con él. Soto, al describir el rostro de la joven mediante el adjetivo “radiante” (línea 14), nos da una señal de que ella está tan emocionada por el encuentro como él. Además, el hecho de enfatizar el rubor en las mejillas y su sonrisa (línea15), imprime un nuevo estado anímico: la felicidad, y no solamente el nerviosismo. El narrador adolescente, durante la caminata, se permite una licencia: tocar el hombro de la muchachita y encaminarla calle abajo (líneas 16 y 17). Una vez más, el poeta recurre al binomio, en esta ocasión de un lote de autos usados y una hilera de arbolitos recién plantados (líneas18-19), que bien podría evocar al amor como uno de los sentimientos más transitados de todos los tiempos, es decir: tan antiguo y al mismo tiempo tan nuevo, además de que es una promesa de perpetuidad de la vida.

Cuando concluyen la caminata, frente a una farmacia, que bien podríamos tomar como parangón de ser “la tiendita de la colonia”; los pronombres empleados ya no son “I” y “she”, hay un cambio a “we” (línea 20), un nosotros que respira al unísono ante el negocio:

  1. She came out pulling
  2. At her gloves, face bright
  3. With rouge. I smiled
  4. Touched her shoulder, and led
  5. Her down the street, across
  6. A used car lot and a line
  7. Of newly planted trees,
  8. Until we were breathing
  9. Before a drugstore. We (Soto, 2006: 9)

Así notamos una transición hacia el tercer momento: la joven pareja adolescente entra a la farmacia y suena una campanilla (otro elemento sonoro, línea 22) que avisa a la locataria de una nueva presencia. Y, puestos los dulces en orden, escalonados como en un “graderío”, hace el símil el autor, como si fuesen un silencioso y acomodado público que testifica el inicio de un romance. La señorita elige un chocolate de diez centavos, muy por encima del presupuesto del narrador en ese momento, que es de tan solo la mitad, esto es: cinco centavos. Empero, esa sutil escalada en el tono jovial de estos versos, donde la dama irradia cada vez más alegría e ilusión; se aprecia en la imagen de los ojos luminosos (línea 28) y las comisuras de sus labios que regalan una franca sonrisa (línea 30).

Una vez más, Soto recurre a un binomio: adolescencia y adultez. El muchachito coloca la moneda y una de las dos naranjas para completar en especie el pago del producto (líneas 35-38). La dama del mostrador, de manera discreta, los recibe, sellando de manera empática y silenciosa su ayuda a los enamorados y haciendo contacto visual con el narrador (líneas 39-42):

  1. Entered, the tiny bell
  2. Bringing a saleslady
  3. Down a narrow isle of goods.
  4. I turned to the candies
  5. Tiered like bleachers,
  6. And asked what she wanted –
  7. Light in her eyes, a smile
  8. Starting at the corners
  9. Of her mouth. I fingered
  10. A nickle in my pocket
  11. And when she lifted a chocolate
  12. That cost a dime,
  13. I didn’t say anything.
  14. I took the nickle from
  15. My pocket, then an orange,
  16. And sent them quietly on
  17. The counter. When I looked up,
  18. The lady’s eyes met mine,
  19. And held them, knowing
  20. Very well what it was all about,
  21. Love, I mean. (Soto, 2006: 10)

El verso cuarenta y dos se añade en la reedición; me parece que sale sobrando pues parte del encanto en el poema original es que el lector lo infería, al igual que la dependienta.

El cuarto momento corresponde a la última escena, en que los adolescentes están fuera de la farmacia y retoman su caminata. Se trata de un momento relativamente solitario, no se habla de otras personas en los alrededores, sino de unos cuantos vehículos que transitan por ahí (línea 44), y la atmósfera invernal es recreada y apuntalada en un segundo símil, con una neblina que simula unos viejos abrigos colgando de los árboles (líneas 45-46) (por segunda ocasión esta idea del amor como algo tan viejo y al mismo tiempo tan nuevo). Para este momento hay más intimidad, han caminado tomados de las manos durante dos pequeñas calles, y se disponen a degustar sus golosinas: ella, el chocolate; él, la otra naranja, que en ese ambiente blanco y gris debido a la estación, resalta --piensa el poeta--, como si hubiese hecho una llamarada entre sus manos (líneas 50-56). Y he aquí la gran metáfora del poema: una naranja que representa el tierno fuego del amor que ha nacido en dos adolescentes; donde resulta novedosa la forma en que el autor se aleja del cliché del color rojo y los corazones para representar al amor.

  1. Outside the drugstore,
  2. A few cars racing past,
  3. Fog hanging like old
  4. Coats between the wintry trees.
  5. I took my girl’s hand
  6. In mine for two short blocks,
  7. Then released it to let
  8. Her unwrap her chocolate.
  9. I peeled my orange
  10. That was so bright against
  11. The gray of December
  12. That, from some distance,
  13. Someone might have thought
  14. I was making a fire in my hands. (Soto, 2006: 11)

Y así podemos comprender el por qué, en alguna ocasión, Gary Soto expresó lo que él considera el mayor de los reconocimientos a su obra: el que un lector le externe la sensación de haber “visto” sus historias: “To me the finest paradise is when a reader says, I can see your stories. This is what I’m always working for, a story that becomes alive and meaningful in the reader’s mind. That’s why I write so much about growing up in the barrio. It allows me to use specific memories that are vivid for me”. (Scholastic, s/a: 2).

Shel Silverstein: amor incondicional

Ahora veamos el legado de otro gran y prolífico artista. Sheldon Allan Silverstein, también estadounidense, pero de origen judío, quien nació en Chicago, Illinois en 1930. Su entorno fue más urbano que agrícola, y tampoco fue alguien que se caracterizara por ser un buen estudiante. En realidad, su pasión era el beisbol, pero en tanto no era bueno para ello ni tenía mucha suerte con las chicas, invertía mucho de su tiempo en dibujar e incluso participó en la edición del periódico estudiantil. Estuvo en un par de universidades, en una de ellas fue expulsado (the University of Illinois), y cuando estudiaba en la Chicago Academy of Fine Arts, fue reclutado por el ejército estadounidense y prestó sus servicios tanto en Corea como en Japón durante la década de 1950. Aquella experiencia fue decisiva en tanto sus caricaturas fueron publicadas en el periódico Pacific Stars and Stripes (Barras y Estrellas del Pacífico), en donde él estaba encargado de realizar la diagramación y el montaje.

Al retornar a Chicago, optó por tocar puertas para trabajar como dibujante para diferentes revistas, y sucedió que Hugh Hefner, dueño de la revista Playboy, se interesó en su trabajo y le solicitó fuera el encargado de la sección de viajes para que él mismo los narrara e ilustrara. Y por extraño que pueda resultarnos su participación en una revista de mujeres casi desnudas, hay que recordar que parte del atractivo de la publicación –no sabemos si como una especie de lavado de conciencia para algunos lectores-- era que preparaban muy buenos artículos culturales e incluían entrevistas de personajes famosos.

Ahora bien, Sheldon Allan Silverstein, mejor conocido como Shel Silverstein, o bien “Uncle Shel” –el tío Shel, años más tarde–, tenía un gran talento en el manejo del idioma, en que hacía una recreación de los diferentes tipos de  hablas y el uso de las rimas, el empleo del humor -principalmente-, la irreverencia, y lo “pegajoso”, dentro de sus composiciones pues hubo tanto canciones (ya que fue el letrista de cantantes tan famosos como Peter, Paul y Mary, Dr. Hook y Johny Cash, entre muchos) como historias.

Hoy en día, cuando se habla del legado de Silverstein, la referencia, básicamente es a The Giving Tree, un cuento con el que le llevó cuatro años de tocar puertas, que a muchos editores les gustaba pero que o les parecía demasiado corta, o triste, o que no se vendería, pero que una vez publicada en 1964, ha sido uno de los libros más vendidos (por millones de ejemplares), traducida a 47 idiomas (About Shel, s/a: 3), y recientemente salió una edición especial y conmemorativa.

El mismo autor comentaría en entrevista para Chicago Tribune en 1964: “Everybody loved it, they were touched by it, they would read it and cry and say it was beautiful. But… one publisher said it was too short…” Some thought it was too sad. Others felt the book fell between adult and children’s literature and wouldn’t be popular”. (About Shel, s/a: 3).

Tomi Ungerer, un famoso caricaturista que ya tenía fama en la ilustración de los libros de literatura infantil y juvenil, convenció a Silverstein --quien jamás había planeado escribir o dibujar para los niños-- de que se entrevistara con Ursula Nordstrom, la famosa editora de Harper & Row, que daba un giro en la literatura para los infantes al atreverse a probar lo no convencional. Así que fue ella quien alentó a Silverstein a abordar un nuevo nicho y le permitió conservar el final de la historia, que si bien es cierto rompía con la vena humorística que siempre caracterizó al autor; él mismo señalaría: “because life, you know, has pretty sad endings. You don’t have to laugh it up even if most of my stuff is humorous”. (About Shel, s/a: 1). (Porque la vida, ¿saben?, tiene finales bastante tristes. No tienes que reírte con ganas, incluso cuando la mayor parte de mi material es humorístico –traducción mía–).

Nos hallamos ante una voz narrativa y dos personajes principales “the tree” (árbol femenino), y “the boy” (que en ocasiones puede estar escrito con mayúscula, como en la página 17 en que el árbol se dirige a él). En tanto en español se dice “el árbol”, por razones prácticas, durante este escrito así haré la referencia.

La historia tiene formato de libro álbum e inicia con una marca de oralidad universal: “había una vez”.

Podemos distinguir con claridad cinco momentos clave que van de la niñez a la ancianidad del personaje “little boy”; al principio la relación es de total desinterés, bucólica y llena de emociones, hiperbólica y lúdica al mismo tiempo así como fantasiosa; después, en cada etapa, el árbol se encarga de suministrar los satisfactores que “the boy” expone necesitar, muchas veces en franca exigencia.

Nos hallamos ante un árbol, que el mismo título ha anunciado como dadivoso, característica sumatoria a su infinita paciencia y desinterés. En definitiva, no podemos decir que “the little boy” llegue a actuar alguna vez como el hijo pródigo, pero sí que el árbol actúa como un padre misericordioso.

En la cuarta de forro de la reedición de 1992, se nos dice que se trata de una conmovedora parábola para los lectores de todas las edades y que ofrece una interpretación enternecedora sobre el don de dar y la serena aceptación respecto a la capacidad del otro para retribuir con amor: “[…] Shel Silverstein has created a moving parable for readers of all ages that offers an affecting interpretarion of the gift of giving and a serene acceptance of another’s capacity to love in return”. (Silverstein, 1992: cuarta de forro). Empero, en la parábola se utiliza el símil o comparación, recordemos “Vosotros sois como la sal de la Tierra”. Más bien nos encontramos ante una alegoría. Y aunque ambas figuras retóricas son parecidas y tienen en común el transmitir una lección moral o enseñanza, y obliga al lector a ir más allá del significado, la parábola contiene relatos verídicos, mientras que la alegoría es ficticia o fantasiosa. Guido Gómez de Silva nos aclara en su definición que: “Es un relato cuyo propósito es instruir, que presenta alguna moraleja de manera velada, y en el cual los personajes pueden ser personificaciones […]; su sentido superficial o literal ilustra un significado más profundo”. (Gómez de Silva, 1999: 41). Así, aunque en apariencia estamos ante la historia de un árbol y un niño, en un segundo plano, podríamos decir que a nivel terrenal ejemplifica la relación de padres e hijos; e incluso en un tercer plano, podríamos equipararla con un trato de tipo espiritual entre Dios y el hombre.

The Giving Tree cuenta con escasos recursos literarios que más bien se apoyan en la repetición, como “And the tree was happy”, o “Then you will be happy”; o bien marcas de oralidad, como en “Once there was…” o “But time went by…”

Y el texto entero está repleto de peticiones abruptas como: “Can you give me…?” (dígase el objeto: money, a house, a boat); salvo al final, donde cambia la interacción entre ambos personajes: el árbol hace uno a uno un listado de sus pérdidas: ya no tiene manzanas, ni hojas, ni ramas, ni tronco (prácticamente su esencia misma), es un sencillo tocón; un tronquito. “Boy” menciona las pérdidas que él mismo ha sufrido y tienen que ver con el deterioro corporal, con una cuestión biológica que es ley de vida para todo aquél ser humano que llega a la vejez: ha perdido lozanía, fortaleza, los dientes, las ambiciones, sólo necesita un lugar para descansar. Y ahí se llega a la parte más espiritual del árbol dadivoso: puede ofrecerse a sí mismo (y entendido como alegoría de Dios en sus tres divinas personas, sería Cristo), una vez más, las raíces que lo sostienen están ahí, y se encuentra emocionado y conmovido por ayudar al otro (a little boy) al final de su recorrido por la vida, de su existencia. Compañeros hasta el final, como quien ha llevado al otro en sus brazos o sobre sus hombros.

No es de extrañarse que el árbol, como leño, sea metáfora del madero de la cruz en representación al amor, al sacrificio y el darse a sí mismo hasta el final.

El primer momento evoca la niñez. Se trata de la introducción y observamos una relación bucólica entre los dos personajes: un pequeño niño y un manzano. Al principio se utiliza el epíteto “a little boy” por única vez en diminutivo a lo largo de la obra; lo que da un cariz de ternura en símil a una relación paternal/maternal afectiva por los hijos. Se infiere, por el modo en que termina esta sección que “the boy” es tan feliz como el árbol:

Once there was a tree…And she loved a little boy. And every day the boy would come and swing from her branches and he would gather her leaves and make them into crowns and play king of the forest. He would climb up her trunk and eat apples. And when he was tired, he would sleep in her shade. And they would play hide-and-go-seek. And the boy loved the tree…very much. And the tree was happy. (Silverstein, 1992: 1-12).

A partir de la página 13, que es la transición a la adolescencia, como segundo momento clave en la obra y se emplea como marcador de tiempo la expresión “But time went by”,  observamos la necesidad del personaje humano por un amor juvenil, además de tener la imperiosa necesidad de recibir satisfactores; y es el árbol quien al utilizar la expresión “You will be happy”, está dando su palabra con el uso de “will”, que habla de una promesa:

But time went by. And the boy grew older. And the tree was often alone.

Then one day the boy came to the tree and the tree said, “Come, Boy, come and climb up my trunk and swing from my branches and eat apples and play in my shade and be happy.”

“I am too big to climb and play,” said the boy.

“I want to buy things and have fun. I want some money. Can you give me some money?”

“I’m sorry,” said the tree, “but I have no money. I have only leaves and apples. Take my apples, Boy, and sell them in the city. Then you will have money and you will be happy.”

And so the boy climbed up the tree and gathered her apples and carried them away.

And the tree was happy. (Silverstein, 1992: 13-17).

Observamos, además, a nivel de grafía, que cuando el narrador relata, se refiere a “the boy”, mientras que el árbol femenino lo trata como “Boy” –el nombre para él/ ella–.
El tercer momento de The Giving Tree es cuando la transición es ofrecida con el marcador de tiempo “But the boy stayed away for a long time…”, y hablamos entonces del adulto joven que retorna.

A partir de este momento se nos dice que el árbol estaba triste por la ausencia de “the boy”, y la gran nostalgia de no realizar todas aquellas actividades lúdicas que realizaban el árbol y el niño. Y en este fragmento hallamos otro tiempo, el del hombre moderno “demasiado ocupado” como para jugar o trepar a los árboles. Observamos al hombre cada vez más materialista y ensimismado que desea lo que se supone que toda persona a esa edad debe tener y anhelar: una casa, esposa e hijos:

But the boy stayed away for a long time… and the tree was sad. And then one day the boy came back and the tree shook with joy and she said, “Come, Boy, climb up my trunk and swing from my branches and be happy,”

“I am too busy to climb up trees,” said the boy.

“I want a house to keep me warm,” he said.

“I want a wife and I want children, and so I need a house. Can you give me a house?”

“I have no house,” said the tree.

“The forest is my house, but you may cut off my branches and build a house. Then you will be happy.”
And so the boy cut off her branches and carried them away to build his house.

And the tree was happy. (Silverstein, 1992: 18-20).

Cada vez resulta más condensada la ilustración según el avance del personaje en su crecimiento biológico, que no emocional. En este cuarto estadio, donde observamos a un adulto mayor, siempre insatisfecho con la vida, con su propia familia, y sin tomar en cuenta al árbol, decide que quiere hacerse a la mar. Hay una leve ironía, casi un guiño de ojos, cuando al estribillo “And the tree was happy”, se le añaden puntos suspensivos y la leyenda “but not really”. El árbol ha quedado reducido a un tocón:

But the boy stayed away for a long time. And when he came back, the tree was so happy she could hardly speak. “Come, Boy,” she whispered, “come and play.” “I am too old and sad to play,” said the boy. “I want a boat that will take me far away from here. Can you give me a boat?”

“Cut down my trunk and make a boat,” said the tree. “Then you can sail away… and be happy.”

And so the boy cut down her trunk and made a boat and sailed away. And the tree was happy…but not really. (Silverstein, 1992: 21-23).

La felicidad, hemos podido atestiguarla en un estado permanente en la vida del árbol, de manera particular cuando es capaz de dar (de darse); no así en la del chico “the boy”, quien resulta casi insaciable y solo al final logra quedar en paz:

And after a long time the boy came back again.

“I am sorry, Boy,” said the tree, “but I have nothing left to give you –My apples are gone.” “My teeth are too weak for apples,” said the boy.”My branches are  gone,”said the tree. “You cannot swing on them –“ “I am too old to swing on branches,” said the boy.

“My trunk is gone,”, said the tree. “You cannot climb –“

“I am too tired to climb,” said the boy.

“I am sorry,” sighed the tree. “I wish that I could give you something… but I have nothing left. I am just an old stump. I am sorry…”

“I don’t need very much now,” said the boy, “just a quiet place to sit and rest. I am very tired.”

“Well,” said the tree, straightening herself up as much as she could, “well, an old stump is good for sitting and resting. Come, Boy, sit down. Sit down and rest.”

And the boy did.

And the tree was happy.

The End. (Silverstein, 1992:24-26).

La obra termina de manera circular: el árbol fue feliz dándose por entero, tanto en la vida como en la muerte.

Conclusiones

Hemos llegado al final de una travesía con una pequeña muestra de la obra de dos autores: Gary Soto con su poema “Oranges”, y Shel Silverstein con el cuento The Giving Tree. Con ambos hemos podido corroborar nuestro devenir en Lenguas Extranjeras: la fuerza de la palabra impresa, así como la importancia de la oralidad, en que desde las artes se canta a la cotidianidad, al transitar por la vida y al amor, desde el primero y juvenil, hasta el más elevado con el Creador. Es el cúmulo de los pequeños instantes lo que hace la vida entera, y es el aprecio por los detalles lo que da sentido al existir.

Bibliografía

Gomez de Silva, G. (1999). Diccionario internacional de literatura y gramática. México: Fondo de Cultura Económica.

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s/a Shel Silverstein: Biography, Poems & Books. Study.com/academy/lessons/shel-silverstein-biography-poems-books.html  (Consultado: 13/oct/2019).

Silverstein, Shel. (1992).The Giving Tree. Harpers Collins Publishers. Nueva York.

Soto, G. (2006) “Oranges” en A Fire in My Hands. Poems by Gary Soto. Revised and Expanded Edition. Houghton Mifflin Harcourt. Boston y Nueva York-

 


* Alejandra Sánchez Valencia: profesora-investigadora titular C, tiempo completo en Lenguas Extranjeras en la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco. Licenciada en Enseñanza de Inglés, maestra en Estudios México-Estados Unidos, y maestra en Letras Modernas (en Lengua Inglesa), diplomada en literatura infantil y juvenil, realizó una estancia académica en la Universidad de Oslo Noruega sobre cuentos folclóricos. Pertenece al Grupo de Investigación de Lingüística Aplicada (GILA) de la UAM-A, así como al Grupo Fronteras de Tinta de la FES Acatlán y a la ChLA (Children’s Literature Association). Ha sido ponente en congresos dentro y fuera del país. Cuenta con publicaciones nacionales e internacionales de artículos de investigación y obra propia.

1 Referido en una visita guiada al museo Gary Soto, por el mismo autor en Fresno College, a la cual asistí el 9 de marzo de 2016.

 

Reserva de Dererchos-INDAUTOR: 04-2010-060210103400-203
ISSN 2007-5480